Todo el que se siente capaz de crearse un destino con su talento y su esfuerzo esta inclinado a admirar el talento y esfuerzo de los demás; el deseo de la propia gloria no puede sentirse cohibido por el legitimo encumbramiento ajeno. El que tiene méritos, sabe lo que le cuestan y los respeta; estima en los otros lo que desearía se le estimen a el mismo. El mediocre ignora esta admiración abierta; muchas veces se resigna a aceptar el triunfo que desborda las restricciones de su envidia. Pero aceptar no es amar. Resignarse no es admirar.[..]
José Ingenieros.
No hay comentarios:
Publicar un comentario